¿Cuantas veces nos hemos preguntado qué es la vida?
¿A esto llamas vida?
“¿Y tú me preguntas qué es vida?” me dijo tumbado en la cama de aquel hospital. Sin poder casi hablar, con la voz ronca, la piel arrugada y amarillenta. Dejó caer encima de la almohada la cabeza, cerró los ojos y comenzó a respirar fuertemente, como si algo le impidiera respirar. Abrí la puerta de la habitación y lentamente la cerré tras de mí. Caminando con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos salí por la puerta del hospital, dejando atrás una parte de mí, y un millón de preguntas sin responder. Llegué a mi casa y me encerré en la habitación. Me tiré encima de la cama mirando el techo, cogí el mando de la mini cadena, la encendí y comenzó a sonar mi nuevo disco de heavy metal. Subí el volumen hasta que casi no pude oír mis pensamientos. Intentaba evadirme del mundo…igual encontraba respuestas. Pero como siempre el dolor se apoderó de mi pecho, y las lágrimas comenzaron a resbalarse por mi piel. “¿Qué es la vida?...” Me levanté de la cama, y comencé a temblar cuando estaba de pie. En mis paredes estaba escrito “¿Qué es la vida?”. No obtenía respuestas y al perder la vida, me daría cuenta de qué es. Fui al baño con una aguja en la mano…y me pinché. Con la sangre fluyendo por mi dedo escribí en el espejo…” ¿Qué es la vida?”; y con la ropa aún puesta me metí debajo de la ducha. Salí empapada, volví a mi habitación y me volví a tirar en la cama; demasiados problemas tenía en la cabeza: novio, amigos y enemigos. Ya sentía que mi vida no era mía, me la habían robado. Volví al hospital, y entré en la habitación que dos horas antes había abandonado; pero esta vez faltaba algo…la cama estaba vacía. Una persona con bata blanca me cogió por los hombros y empecé a temblar. Pero no se derramaban lágrimas por mis mejillas. “Lo siento, no pudimos hacer nada más por él” y se quedó mudo cuando me giré y no vio dolor ni lágrimas en mis ojos. Observé que encima de la cama había una carta que tenía mi nombre. La metí en el bolsillo y fui a casa. Llegué a mi casa y encontré a mi madre llorando en el sofá, me senté a su lado y abrí la carta en silencio, comencé a leerla en voz alta:
“En mi último día de vida me preguntaste ¿qué es la vida? Y comencé a analizar esa pregunta, entre agonías solo encontré una solución para darte la respuesta; que vivas la muerte de cerca, pero que tú estés viva…sé que no vas a llorar porque yo me muera…tienes problemas más importantes que llorar por tu padre, aunque éste tenga cáncer de pulmón. Solo hay una cosa por la que ahora sigo con vida, y es esta carta. Tan solo un enchufe me separa la vida de la muerte. Espero que esta agonía no dure mucho, y que encuentres respuestas a esa pregunta…con mi muerte. Dile a tu madre que sea feliz. Y tú…hija mía…hago esto porque te quiero…”
Las lágrimas comenzaron a fluir por mi rostro. Mi madre me miró como si de una asesina me tratara. Pero no sabe que no leí “Aprovecha tu vida” y no sabe que lo voy a hacer.
