lunes, 5 de abril de 2010

¿A esto llamas vida?

¿Cuantas veces nos hemos preguntado qué es la vida?

¿A esto llamas vida?

“¿Y tú me preguntas qué es vida?” me dijo tumbado en la cama de aquel hospital. Sin poder casi hablar, con la voz ronca, la piel arrugada y amarillenta. Dejó caer encima de la almohada la cabeza, cerró los ojos y comenzó a respirar fuertemente, como si algo le impidiera respirar. Abrí la puerta de la habitación y lentamente la cerré tras de mí. Caminando con la cabeza agachada y las manos en los bolsillos salí por la puerta del hospital, dejando atrás una parte de mí, y un millón de preguntas sin responder. Llegué a mi casa y me encerré en la habitación. Me tiré encima de la cama mirando el techo, cogí el mando de la mini cadena, la encendí y comenzó a sonar mi nuevo disco de heavy metal. Subí el volumen hasta que casi no pude oír mis pensamientos. Intentaba evadirme del mundo…igual encontraba respuestas. Pero como siempre el dolor se apoderó de mi pecho, y las lágrimas comenzaron a resbalarse por mi piel. “¿Qué es la vida?...” Me levanté de la cama, y comencé a temblar cuando estaba de pie. En mis paredes estaba escrito “¿Qué es la vida?”. No obtenía respuestas y al perder la vida, me daría cuenta de qué es. Fui al baño con una aguja en la mano…y me pinché. Con la sangre fluyendo por mi dedo escribí en el espejo…” ¿Qué es la vida?”; y con la ropa aún puesta me metí debajo de la ducha. Salí empapada, volví a mi habitación y me volví a tirar en la cama; demasiados problemas tenía en la cabeza: novio, amigos y enemigos. Ya sentía que mi vida no era mía, me la habían robado. Volví al hospital, y entré en la habitación que dos horas antes había abandonado; pero esta vez faltaba algo…la cama estaba vacía. Una persona con bata blanca me cogió por los hombros y empecé a temblar. Pero no se derramaban lágrimas por mis mejillas. “Lo siento, no pudimos hacer nada más por él” y se quedó mudo cuando me giré y no vio dolor ni lágrimas en mis ojos. Observé que encima de la cama había una carta que tenía mi nombre. La metí en el bolsillo y fui a casa. Llegué a mi casa y encontré a mi madre llorando en el sofá, me senté a su lado y abrí la carta en silencio, comencé a leerla en voz alta:

“En mi último día de vida me preguntaste ¿qué es la vida? Y comencé a analizar esa pregunta, entre agonías solo encontré una solución para darte la respuesta; que vivas la muerte de cerca, pero que tú estés viva…sé que no vas a llorar porque yo me muera…tienes problemas más importantes que llorar por tu padre, aunque éste tenga cáncer de pulmón. Solo hay una cosa por la que ahora sigo con vida, y es esta carta. Tan solo un enchufe me separa la vida de la muerte. Espero que esta agonía no dure mucho, y que encuentres respuestas a esa pregunta…con mi muerte. Dile a tu madre que sea feliz. Y tú…hija mía…hago esto porque te quiero…”

Las lágrimas comenzaron a fluir por mi rostro. Mi madre me miró como si de una asesina me tratara. Pero no sabe que no leí “Aprovecha tu vida” y no sabe que lo voy a hacer.

sábado, 9 de enero de 2010

Incerteza

Este es el primer texto que subo. Pero ya antes lo habia colgado en mi tuenti, pero la cuenta de tuenti esta cerrada. Este es un texto que impresionó mucho. Espero que os guste.

Incerteza

“¿Dónde estás?...No puedo oírte, no puedo verte…está todo tan oscuro…” Y entre la total oscuridad un rayo de luz me ciega y una tenue figura se me acerca con paso ágil; pero se para lejos de mí. Intento acercarme pero seguimos a la misma distancia. “¿Estoy muerta?...” pregunté sin obtener respuesta. Y quedé quieta, intentando adivinar de quién era ese rostro que me observaba, sin decirme ni una palabra. Cerré los ojos para poder recordar que me había llevado asta allí… y abrí los ojos en mi cama. Me despertó el sonido del móvil. “Un nuevo sms” pensé. Y darle más importancia lo leí medio entumecida. “¡Ayúdame!” me quedé perpleja, no conocía el número, inmediatamente llamé al número que marcaba “El número al que llama…no existe” es lo único que escuché. ¡Imposible!...preocupada y aprovechando que ya me había desvelado, encendí el ordenador. Parecía que todo estaba como yo lo había dejado, pero de repente veo un mensaje que me llama la atención:“No sé muy bien como decírtelo, pero esto se acabó… mis padres me quieren sacar de aquí e irnos a vivir al centro del país. Igual me internan en un “manicomio”…pero yo creo que no estoy loca. Y dirás si no voy a hacer nada. No tengo nada que hacer, solamente es mi vida, y si me quedo me la juego y aún así si me voy también. Solamente…GRACIAS.”Sabía muy bien de quien era ese mensaje, pero sinceramente no sabía lo que pasaba. Lo primero que hice fue llamarla, quería explicaciones a pesar de que fueran las tres de la mañana. “No puedo hablar…me espían. Pero ayúdame por favor” dijo casi en un susurro y el teléfono emitió el sonido de fin de llamada. Rápidamente me vestí, me calcé y tuve la idea de ir a su casa.”Ojala no sea demasiado tarde…” me repetía una y otra vez para darme ánimos. Llegué a su casa y me encontré la puerta abierta… y todo oscuro. De repente ella se abalanzó sobre mí para darme un abrazo. “Salgamos de aquí rápido” me sugirió en un suspiro. Y cuando nos propondríamos salir de la casa… sonó un disparo. De repente quedó todo negro…“¿Estoy muerta?” le volví a preguntar a la extraña figura. “No, pero quizás algún día yo pueda estarlo…” quedé perpleja. Un rayo de luz me volvió a cegar los ojos.“¡Mama! ¿Dónde estás?”Grité. “Estoy aquí cielo, a tu lado, como todos los días.” Me dijo con voz tranquila y pasándome lentamente la mano por el pelo. “Mama…creo que mataron a mi mejor amiga” dije con un hilo de voz. Ella esbozó una pequeña sonrisa “Hija, solo fue una pesadilla; a ti y a tu mejor os queda mucha vida por delante todavía, tan solo tienes…siete años” Cerré los ojos, y sentí un húmedo beso en mi frente, y a mi madre abrazándome. Sabía que jamás iba a permitir que pasara nada de eso.


¡Saludos!